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Modos de vida a través de marcadores de estrés óseo en población arcaica costera del norte grande (Valles occidentales) - MARCADORES OSEOS DE ACTIVIDAD FÍSICA

Indice del artículo
Modos de vida a través de marcadores de estrés óseo en población arcaica costera del norte grande (Valles occidentales)
Problema de estudio
SÍNTESIS CRONOLÓGICA Y DE LA CULTURA MATERIAL EN EL ARCAICO COSTERO DEL NORTE GRANDE
MARCADORES OSEOS DE ACTIVIDAD FÍSICA
RESULTADOS
DISCUSIÓN
CONCLUSIÓN Y COMENTARIO FINAL
REFERENCIAS CITADAS, BIBLIOGRAFÍA Y ANEXOS
Todas las páginas
MARCADORES OSEOS DE ACTIVIDAD FÍSICA

Arqueológicamente los restos óseos representan una invaluable fuente de información que permite ampliar el conocimiento de las poblaciones antiguas, corroborando datos producidos por materiales líticos y cerámicos.
Un individuo, a lo largo de la vida, está expuesto a diversos entornos ambientales y culturales que afectan la vida diaria.  En el  proceso de adaptación, el hueso, como tejido vivo, responde a los diversos estímulos externos como son enfermedades, traumas y fuerzas relacionadas con la actividad física, modificando su morfología a partir de la creación y destrucción de hueso. Estas modificaciones óseas, frecuentemente están asociadas a condiciones patológicas, pero también pueden estar relacionadas con el estilo de vida de los individuos. Entre estas modificaciones figuran aquellos que se han definido como Marcadores Óseos de Estrés (MOE).
Los MOE son marcadores de actividad, que se definen como cambios de la arquitectura interna y/o externa del hueso, que se desarrollan bajo condiciones de estrés continuado y prolongado derivado de la realización de actividades habituales u ocupacionales. En el presente trabajo, se entiende como estrés toda aquella situación orgánica provocada en “respuesta” a cualquier perturbación ambiental y se centra en el “estrés físico”, que se define como “toda alteración metabólica de un sistema en un organismo vivo ante una actuación exterior sobre ese sistema”. Esta respuesta, por tanto, viene causada por cualquier condición ambiental que suponga una alteración metabólica para el organismo, de modo que la gama de factores que pueden ser la causa de estrés para el hombre es tan amplia como el concepto de “ambiente” para nuestra especie. Además, como la adaptación cultural puede suponer un factor de estrés adicional sobre un individuo o población, a los agentes de presión físico-químicos y biológicos, hay que unir todos los factores y las relaciones derivados de su realidad psíquica, cultural, tecnológica y social (Casas,1997).
El síndrome de estrés se piensa que es un mecanismo adaptativo (Goodman et al. 1980), lo que en sí mismo no es ni bueno ni malo, sino que depende de la capacidad de respuesta del individuo frente a esa nueva situación, puesto que orienta y activa a los organismos hacia el establecimiento de una nueva situación de equilibrio, diferente a la original, que los proteja ante similares episodios de estrés; así por ejemplo, existen autores que muestran cómo, frente a una sobrecarga mecánica, se desencadena el proceso de remodelación del hueso cortical hacia la llamada hipertrofia de adaptación (Tschantz y  Rutishauser, 1967). Sin embargo, si el factor de estrés o perturbación ambiental es de larga duración, intenso e incontrolado, puede tener un efecto devastador sobre los individuos o grupos de población (Goodman et al., 1980). Por último diremos que un episodio de estrés es una fuerza potencial significativa de cambio en la salud de los grupos humanos, puesto que las alteraciones fisiológicas resultantes del mismo pueden influir aumentando la morbilidad y mortalidad, o bien pueden disminuir la capacidad productiva y reproductiva, un asunto de preocupación central para los antropólogos (Goodman et al., 1980).
Kelley y Ángel, agregan dentro de lo que ellos llaman estrés de vida, a todas aquellas fuerzas internas, como determinantes biológicos o causas genéticas; como también a todas aquellas fuerzas externas que afectan a cualquier individuo como, por ejemplo, una dieta inadecuada, una enfermedad, la realización de una actividad física, el proceso del parto, un accidente, la violencia o condiciones ambientales severas (Kelley y Angel, 1987).
Por su parte Merbs, incluye los  traumas tales como fracturas, heridas agudas, secuelas de golpe y objetos impactados en los huesos, ya que ellos constituyen excelentes marcadores óseos debido a que con una alta frecuencia quedan registrados en los huesos y pueden reflejar aspectos relevantes de la cultura (Merbs, 1989).
Podemos agrupar los MOE según su etiología, en tres grandes grupos: de actividades físicas, de condiciones ambientales y aquellos relacionados con la dieta.
A nivel óseo dependiendo de la naturaleza del agente perturbador, de su intensidad y de su duración, la respuesta ósea adaptativa llega al nivel celular e histológico, y en este caso, sólo hay dos posibilidades, esto es, o “formación” o “destrucción” de osteonas (o bien  ambos procesos simultáneamente). Dichos procesos se activan cuando el hueso se ve afectado en alguno de sus dos cometidos: función mecánica (soporte de músculos y protección de vísceras) o producción de eritrocitos y mantenimiento del equilibrio químico del hueso; esta activación, a su vez, es localizada, dependiendo de las propiedades del hueso (grosor y porosidad cortical, densidad de osteonas, etc.), en este caso la respuesta aparecerá en una zona concreta del hueso; y por último, puede afectar solamente a un individuo, o a un grupo concreto, o a toda la comunidad, puesto que va a depender de la susceptibilidad genética o ambiental y de la resistencia individual o poblacional, de modo que la respuesta puede manifestarse en determinados individuos, dependiendo de la edad, el sexo, la actividad desarrollada, etc. (Kennedy, 1989; Casas, 1997).  Uno de los índices  que reflejan el mayor fortalecimiento antero posterior en las diáfisis de los huesos largos, producto de una actividad es el “pilastrico” y el “anémico”, el primero desarrollado en individuos que ejercen caminatas extensas, mientras que el segundo en aquellos individuos con mayor uso de extremidades superiores.
Algunos autores han clasificado los marcadores de actividad en siete categorías principales, que agruparían los hallazgos tanto a nivel del tejido óseo como dental:

1. Desgaste dental.
2. Cambios articulares degenerativos.
3. Cambios morfológicos de carácter funcional.
4. Fracturas.
5. Cambios en la arquitectura del hueso.
6. Osificaciones y calcificaciones.
7. Cambios a nivel de las entesis.

Este ultimo marcador “entesis”, que se refiere al desarrollo óseo a nivel de la inserciones musculares  y  ligamentosas,  permite además  determinar  grados  robustez o de sobrecarga de una actividad, como son los microtraumatismos repetitivos, de tal forma que se han caracterizados y estandarizados los diversos grados de su desarrollo (Mariotti et al, 2004). 
Para el desarrollo del presente estudio  he definido una serie de MOE o variaciones discontinuas a partir de las definiciones elaboradas por  Finnegan (1978), Casas (1997), Capasso (1998), Niño, (2005), Galtes et al, (2007), Luna (2006), Kennedy (1989 - 1998)  y complementadas por Estévez (2000), a fin de pesquisarlas en la literatura publicada, y a partir de ellas inferir modos de vida.


 

Comentarios  

 
#2 francisco 23-05-2014 22:30
muy buena sintesis,
no sabes si no se han hecho aun estudio de isotopos para verificar la supuesta movilidad costa/interior??

gracias,
abrazo.
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#1 08-02-2010 00:25
Muy interesante tu artículo, Me gustaría saber si se puede hacer lo mismo, pero cuando se tiene pocas muestras, no mas de 10 esqueletos incompletos.

Gracias, espero puedas ayudarmen
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