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Home Articulos El origen de las poblaciones del Valle de Azapa durante el PIT: Una aproximación al concepto de colonias desde la bioantropología - Antecedentes bioantropológicos

El origen de las poblaciones del Valle de Azapa durante el PIT: Una aproximación al concepto de colonias desde la bioantropología - Antecedentes bioantropológicos

Indice del artículo
El origen de las poblaciones del Valle de Azapa durante el PIT: Una aproximación al concepto de colonias desde la bioantropología
Antecedentes arqueológicos
Antecedentes bioantropológicos
Discusión y análisis de resultados
Conclusión
Anexos
Referencias
Todas las páginas

Antecedentes bioantropológicos

La situación del valle de Azapa contrasta notablemente con el resto de nuestro país, en relación a la cantidad de investigaciones bioantropológicas realizadas. Mientras en la mayoría del territorio nacional este tipo de investigaciones no son muy numerosas y sólo a partir de los últimos años han aumentado,  en esta zona se han realizado múltiples investigaciones en esta disciplina.  La mayoría de ellas enfocadas en las temáticas sobre el origen de los habitantes de los valles occidentales, y su continuidad o cambio a través del tiempo. En general se observa una gran variedad de metodologías y estudios poblacionales (basados en rasgos métricos, no métricos y de ADN mitocondrial antiguo), que utilizando diversos métodos estadísticos, llegan a resultados bastante disimiles. Como veremos posteriormente en la discusión, en general se argumentan dichas diferencias en base a la utilización de metodologías diferentes, junto con el uso de muestras diferenciales provenientes de diferentes contextos. A pesar de esto, personalmente creo que es posible vislumbrar un panorama común, pudiéndose generar un acercamiento de posiciones entre quienes postulaban grandes movimientos migratorios altiplánicos durante el PIT, y entre quienes abogaban por la continuidad genética en Azapa. Por tanto, en este apartado realizaré una revisión general de algunos trabajos que abordan la temática del origen de las poblaciones del valle Azapa, centrándome en las publicaciones que investigan directamente el tema.Uno de los primeros trabajos que intentó analizar las relaciones de parentesco y afinidad biológica entre los antiguos habitantes de Azapa, fue el de Rothhammer et al. (1982). En dicha investigación y utilizando datos cráneometricos provenientes de antiguos restos humanos, se afirmó –creo yo apresuradamente-, que al parecer la causa más probable de la disminución del parentesco  en el valle de Azapa a través de los siglos, fue una migración a gran escala proveniente del altiplano. Más aún, en dicha publicación se afirmó que dicha migración de colonos altiplánicos fue la responsable del cambio genético y cultural acontecido en el Azapa prehistórico, apoyando de este modo las tesis arqueológicas coloniales. En contraposición a estos primeros resultados y más de 10 años después, Sutter  (1994) presentó en XIII Congreso Nacional de Arqueología Chilena sus resultados preliminares de rasgos patológicos y fenotípicos dentales, en pos de probar la existencia de grupos étnicos en los valles occidentales durante el Período Medio y el PIT. Estudiando más de 600 restos óseos y momificados, y comparando rasgos no métricos, llegó a la conclusión de que en Moquegua hubo población altiplánica, que migró allí tras el declive de Tiwanaku. No obstante esto, la situación en Azapa era diametralmente diferente. En este valle, Sutter postulaba una continuidad biocultural en la costa, al mismo tiempo que afirmaba que las poblaciones del interior eran diferentes a estas del litoral. Como opinión personal, creo que las interpretaciones que Sutter realiza a partir de su investigación, nacieron como una respuesta al énfasis excesivo en los modelos de verticalidad que se postulaban desde la arqueología. Al concluir que en la costa de Azapa existió una continuidad biocultural, intentaba desmarcarse de las clásicas explicaciones para las relaciones económicas, sociales y biológicas durante el PIT, que remitían muy fácilmente a la existencia de colonias. Un trabajo más recientes es el de Cocilovo et al. (2001), quien estudió las relaciones de afinidad biológica entre los grupos de la costa, y los del interior del valle de Azapa, abarcando un rango cronológico que incluyó a todos los períodos de la prehistoria del Norte Grande (Arcaico Tardío, Intermedio Temprano, Medio, Intermedio Tardío y Tardío), mediante una muestra de 245 cráneos. En esta investigación, los autores utilizaron una serie de mediciones cráneometricas (caracteres continuos), para luego aplicar una serie de de técnicas de análisis multivariado (análisis discriminante canónico, distancias biológicas, y técnicas de agrupamientos), evaluando de este modo las afinidades biológicas entre los distintos períodos. A partir primero de un análisis univariado, se pudieron establecer la existencia de varias características morfométricas significativamente diferentes en cada sub-muestra, las cuales fueron establecidas a partir de criterios temporales y espaciales. De este manera, se pudo observar que a grandes rasgos, los individuos que habitaban la costa poseían caras y narices más bajas, cráneos más altos y largos, una base del triangulo facial más larga, orbitas más pequeñas y la región maxilo-alveolar  de dimensiones más reducidas, en comparación con los habitantes de los valles. A su vez se pudo establecer también a través de los resultados, que existía -como señale recién- una evidente diferenciación morfológica entre los grupos costeros y los del interior. Se observa una mayor continuidad morfológica en la costa, mientras que en el interior a finales del Arcaico tardío y comienzos del Formativo, se evidencia un creciente cambio morfológico que los autores atribuyen a cabios genéticos, provocados por migraciones poblacionales. Esta diferenciación entre valle y costa se mantiene durante todo el registro, aunque la magnitud de la misma varía de período en período. Los autores concluyen que ambos grupos poseerían un ancestro común, pero que a partir de la introducción de migrantes en el valle, empiezan a diferenciarse.En una investigación posterior, Varela y Cocilovo (2002) vuelven a investigar sobre los procesos microevolutivos acontecidos en las poblaciones prehistóricas del valle y costa de Azapa, utilizando herramientas teórico-metodológicas derivadas de la genética cuantitativa. Esta vez utilizan una muestra de 237 cráneos abarcando el mismo rango temporal. No obstante, esta vez utilizaron sólo 6 variables métricas, pero transformándolas para eliminar el componente ambiental, y para incrementar la proporción de varianza genética.  Los resultados de este estudio, muestran que a lo largo del Arcaico, las comunidades de la costa y de los valles muestran una reducida diferenciación, lo que sería reflejo de una vinculación ancestral y/o relaciones de parentesco frecuentes. Sin embargo, a partir del Intermedio Temprano, los habitantes de valle comienzan a expresar una marcada diferenciación en relación a los individuos que estaban habitando el litoral. Este aumento de la varianza sugiere un flujo de genes extra regional mayor del esperado, por lo que es probable que durante este período existieran procesos de migración  y una baja endogamia. Para el período que me importa – el PIT-, se distingue un patrón diferente. Sus análisis revelan que durante aquel momento, hubo un aumento en la endogamia y una mayor aislación genética que en otros períodos. Esto entraría en abierta contradicción con las propuestas arqueológicas que sostienen que tras la caída de Tiwanaku, arribaron nuevas poblaciones del altiplano a Azapa, iniciándose así el período de los desarrollos regionales (Schiappacasse et al 1989). A pesar de esto, se observa eso sí una marcada y profunda diferenciación entre las poblaciones costeras y las del valle en este período, probablemente a través del aislamiento reproductivo. Esta afirmación vendría a apoyar la evidencia de que durante el PIT en Azapa, existían al menos dos unidades culturales: la “Cultura Arica” y “Charcollo” (Santoro et al. 2001). Además se sostiene que la diferenciación existente entre ambas regiones de Azapa, se deben primariamente al flujo génico que experimento el valle durante el período Intermedio Temprano y durante el Medio. En resumen, se puede afirmar que este trabajo apoya las hipótesis de diferenciación entre valle y costa, a la vez que contradice a las hipótesis de migraciones altiplánicas masivas. No obstante esto, si pudo haber migraciones a pequeña escala, situación que los autores advierten.Otro estudio del mismo año, y que trabajaba una temática similar es el de Rothhammer et al. (2002). Estos investigadores realizaron un análisis de distancias genéticas en base a mediciones de caracteres craneales continuos, provenientes de restos humanos de distintos fases de la prehistoria ariqueña, e incluyeron un cráneo Tiwanaku para realizar comparaciones. En resumen se puede decir que acompañando a la evolución cultural visible a través de los cambios de fases, se dio un proceso de diferenciación cráneofacial, y que las distancias menores se daban entre fases cronológicamente contiguas. A pesar de que la utilización de tan solo una muestra Tiwanaku para comparar, confiere a los resultados un carácter altamente incierto, estos son bastante sugerentes. De hecho, los investigadores sostienen que las distancias no significativas con Tiwanaku se dan durante Alto Ramírez y San Miguel, lo cual estaría evidenciando un flujo génico intermitente desde el altiplano durante estas fases. Los autores llegan a esa conclusión debido a que las otras dos posibles causas de la diferenciación cráneofacial en el valle de Azapa (un cuello de botella genético, o un incremento en las tasas de mutación), son improbables. Otra investigación que también intento aportar más datos a la temática del origen y de la continuidad o cambio de las poblaciones del valle de Azapa, es el trabajo de Sutter y Mertz (2004). En esta investigación se calcularon distancias genéticas mediante la utilización de la presencia o ausencia de rasgos discretos o no métricos. Se pretendía intentar resolver si es que realmente hubo migraciones altiplánicas de gran escala al valle de Azapa. Los resultados que entrego este trabajo generaron una polémica, debido a que se encontró que ninguna de las distancias genéticas entre las distintas fases era significativa, y que por tanto no había evidencia para sugerir ni flujo génico a gran escala, ni menos colonias. De hecho, los autores afirmaron que en el valle de Azapa se dio un proceso de continuidad genética, que no fue alterado en el PIT, contradiciendo de plano a la hipótesis de migraciones de tierras altas. Los resultados además entregaron que hubo endogamia tanto al interior como en la costa, a través del tiempo. Vale decir que al parecer hubo aislamiento reproductivo entre valle y costa, lo cual apoyaría también el postulado de la existencia de dos grupos; uno del interior y otro costero. Por su parte Moraga et al. (2005), intentan también reconstruir el proceso microevolutivo acontecido en las poblaciones andinas del norte de Chile. Para llevar a cabo esto analizan ADN mitocondrial (ADNmt) antiguo, proveniente de una muestra de 83 individuos de los valles de Camarones, Lluta y Azapa. El rango cronológico de la muestra abarcaba desde el arcaico hasta el tardío.   Se buscaba establecer mediante indicadores moleculares, si es que los resultados logrados por Rothhammer et al. (2002), de que la diferenciación genética fue a la par del cambio cultural, eran ciertos o no. Al comparar las frecuencias de haplogrupos presentes en la muestra de ADNmt antiguo, notaron que su distribución no difería notablemente entre períodos culturales adyacentes. Eso sí, se advertía que durante un intervalo de 3900 años se dio un proceso microevolutivo en la frecuencias de ADNmt, especialmente durante el Período Medio y PIT. Los autores sostenían que estas tasas más altas de microevolución se asociarían con una migración de largo alcance proveniente desde el altiplano, lo que desde una perspectiva arqueológica, apoyaría la idea de que estos períodos fueron momentos culturales dinámicos caracterizados por interacciones significativas entre las tierras altas y los valles occidentales, provocando importantes cambios sociales. Sin embargo, aún no queda claro cuáles fueron los grupos altiplánicos que ejercieron su influencia en los valles, y ni tampoco la magnitud de su influjo. En otra investigación Sutter (2006), analiza distancias biológicas obtenidas de rasgos no-métricos dentales extraídos de 11 muestras mortuorias. Él intentó poner a prueba tres modelos que explican las dinámicas poblacionales prehistóricas en el valle de Azapa, mediante análisis de correlación de matrices hipotéticas. Los modelos en competencia eran: (1) la colonización durante el período Medio por  Tiwanaku, (2) flujo genético a través del tiempo, (3) y un modelo de flujo génico donde los grupos costeros muestran continuidad, mientras que las poblaciones del valle divergen debido al flujo genético que reciben desde el altiplano. Los resultados obtenidos de su análisis de biodistancias indican que durante todos los períodos la muestra Tiwanaku presenta distancias significativas con cinco de las nueve muestras del valle de Azapa, y  por distancias grandes pero no significativas con las demás muestras. Exceptuando la muestra Gentilar del desarrollo regional tardío de Azapa-8 que presenta una biodistancia relativamente pequeña, pero que de todos modos no sugiere necesariamente una relación directa entre las dos muestras. Por tanto, al autor le parece infundada  la hipótesis de una migración a gran escala. Sutter sostiene que sus resultados sugieren una gradual convergencia a través del tiempo entre las poblaciones del valle con Tiwanaku, lo cual es consistente con un flujo génico leve o moderado,  más que con una gran colonización proveniente del altiplano. Por otro lado, las poblaciones costeras aparentan haber mantenido un grado de continuidad genética a través del tiempo desde las poblaciones Chinchorro. En definitiva su análisis se inclina por el tercer modelo, donde hay  flujo génico leve del altiplano a las comunidades del valle, las cuales empiezan divergir de los grupos costeros, quienes a su vez presentan una continuidad biológica a través del tiempo. Aunque su investigación no niega de plano la posibilidad de colonos altiplánicos, la desestima severamente debido a que sus análisis indican que el flujo génico fue muy bajo. Finalmente, el último trabajo que revise fue el de Manríquez et al. (2006). Ellos se proponen conocer el patrón de variación de la forma craneana (causada por la práctica de la deformación artificial) de muestras representativas de las poblaciones prehispánicas de Arica, aplicando las herramientas de la morfometría geométrica y mediante la utilización de de caracteres métricos. A pesar de que su investigación se centra más en conocer las consecuencias de la deformación artificial del cráneo, su análisis de todos modos posee implicancia para la temática abordada en el presente trabajo. Su análisis muestra que las únicas diferencias de la variación de la forma craneana estadísticamente significativas ocurrieron entre las muestras arqueológicas y contemporáneas. Por su parte al interior de la muestra de cráneos arqueológicos, las diferencias se debieron al tipo de deformación aplicada y al tamaño del centroide (centro geométrico de las coordenadas de hitos de cada espécimen), sin importar el período o fase cultural a la cual los restos pertenecían. Así, los resultados obtenidos en esta investigación nos señalan una continuidad temporal en la morfología craneana general de las poblaciones prehispánicas de Arica, como también la ausencia de diferencias significativas entre las distintas fases, o la ubicación geográfica. Esto sugeriría flujo génico entre los habitantes de los valles y los del litoral durante un largo período de tiempo, situación que como hemos visto es confirmada para los primeros períodos de la prehistoria ariqueña como el Arcaico (Sutter y Mertz 2004). En relación al PIT, los autores sostienen que es en dicho período cuando la práctica de la deformación craneana  aumenta considerablemente, tanto en número como el grado de intensidad. Los autores relacionan lo anterior con el aumento en la diversidad étnica en las costas y valles de Arica, lo que habría generado una masificación de la practica de la deformación artificial, tal vez como símbolo de identidad y filiación étnica.



 

Comentarios  

 
#3 07-09-2010 18:10
Hey muy interesante el tema, hay muchos aspectos discutibles en torno a qué ocurrio en esta zona durante el PIT y qué relación hay con el período Medio, ya que se menciona constantemente la importancia que tuvo la influencia Tiwanaku...pero ésta al parecer en Arica habría sido de carácter indirecto y nunca tan fuerte como lo que ocurrio en Perú. Qué pasa en el PIT entonces, creo que es muy importante evaluar, como lo propones tu, el tema de la continuidad genética en la zona. No sé si leíste los trabajos de Sutter que tocan precisamente estas problemáticas...al mismo tiempo creo que sería bueno evaluar el concepto de "colonia" , en fin muchas cosas. Felicitaciones por el trabajo. Saludos
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#2 02-12-2009 18:11
Vale Tamy, muchas gracias x la recomendación, te pasaste!!!!
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#1 23-11-2009 19:24
Te recomiendo este paper que estoy segura que te interesara: "Utility of Multiple Chemical Techniques in Archaeological Residential Mobility Studies: Case Studies From Tiwanaku- and Chiribaya-Affiliated Sites in the Andes"

Kelly Knudson y Douglas Price, del AJPA: 2007
;)
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