Modos de vida a través de marcadores de estrés óseo en población arcaica costera del norte grande (Valles occidentales)

Lunes, 16 de Noviembre de 2009 20:20 Carlos Coros
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Valle Autor: Carlos Coros

El presente trabajo es una revisión bibliográfica orientada a la pesquisa de Marcadores de Estrés Óseo en colecciones arqueológicas, procedentes del periodo Arcaico costero, de la zona comprendida entre Arica y Pisagua (Valles Occidentales). Estos marcadores óseos ayudan a discernir el tipo de actividad física que pudo haber realizado un determinado individuo, o bien para conocer  patrones generales de actividad de una sociedad y, por extensión, los modelos de actividad o estrategias de subsistencia de ella, a fin de a partir de ellas inferir modos de vida. El criterio que he considerado para el desarrollo del presente estudio a sido definir una serie de marcadores óseos o variaciones discontinuas a partir de las definiciones elaboradas por  Finnegan (1978), Casas (1997), Capasso (1998), Niño, (2005), Galtes et al, (2007), Luna (2006), Kennedy (1989 - 1998)  y complementadas por Estevez (2000).  Los principales resultados muestran que son escasos  los estudios en que se describen  marcadores óseos, junto con ello se aprecia que no existen  trabajos avocados  exclusivamente  y en forma sistemática al estudio de ellos salvo excepciones (Standen, et al, 1995).  Debido a lo anterior, no son muchas las inferencias que se pueden hacer a partir de ellos,  aún así se establecen algunas inferencias relativas al modo de vida.

INTRODUCCIÓN

En general casi la mayoría de los trabajos de bioantropologia sobre el arcaico costero del norte grande, están enfocados a la descripción de los procesos de momificación, al análisis de  marcadores métricos y  o bien descripciones paleopatológicas, habiendo una notable ausencia de estudios de marcadores óseos y adaptación al medio ambiente, solo un par de casos aislados aparecen en la literatura, los cuales  se han investigado a fondo a fin de establecer hipótesis de su etiología (Standen et al. 1995). Es a partir de la segunda mitad del pasado siglo, cuando los antropólogos comenzaron a ser  conscientes de las relaciones existentes entre morfología ósea y factores ambientales. Así muchos investigadores comenzaron a interesarse en la forma en la que se produjo la supervivencia de los grupos humanos, de sus respuestas ambientales, y su adaptabilidad al medio ecológico y a la realidad económica y social en la que se desenvolvieron.

Como fruto de este interés, hoy es ampliamente aceptado que las poblaciones humanas sufren la influencia de numerosos factores ambientales (biológicos, ecológicos y socioculturales) que las obligan a adaptarse a ellos, (Goodman et al., 1980,  Hawkey y  Merbs 1995  1998;  Brothwell 1987;  Merbs 1989;  Kennedy  1989,  1998; Capasso et al.. 1998). Esto indica que cualquier agente ambiental supone una causa potencial significativa de presión y cambio en la estructura de los sistemas biológicos, y consecuentemente de los sistemas culturales. Así Kelley  y Ángel en 1987 incluyen dentro factores ambientales, lo que ellos llaman estrés de vida, por un lado, a todas aquellas fuerzas internas, como determinantes  biológicos o causas genéticas; y por otro, a todas aquellas fuerzas externas que afectan a  cualquier individuo como,  por ejemplo, una dieta inadecuada, una enfermedad, la  realización de una actividad física, el proceso del parto, un accidente, la violencia o  condiciones ambientales severas (Kelley  y  Ángel 1987).

Al ser el organismo sensible al ambiente que le rodea, el estudio de su respuesta adaptativa, ante una perturbación del mismo, resulta imprescindible para una mejor interpretación de la bioadaptabilidad del individuo a su medio ambiente, para de esta manera comprender mejor su modo de vida.

La población Arcaica del Norte de Chile no escapa a esta realidad, es más, es imposible hablar, del periodo Arcaico sin hacer referencia directa al medio natural que la acogió, como es, uno de los desiertos más áridos del mundo, y que además,  bien sabemos por estudios geológicos y palinológicos (Moreno 1994), estuvo afecto a ciertos cambios climáticos a partir del holoceno. Estos factores medioambientales y de recursos disponibles, pueden explicar en cierta forma el modo y hábitos de vida, en orden a la obtención de los recursos necesarios para la supervivencia de dicha cultura.  De esta manera podemos decir que la conquista de un nuevo hábitat impone ciertas adaptaciones a la extracción de nuevos recursos, la cual  no sólo esta afecta en el sentido climático, sino también, por los condicionamientos geográficos que esta sociedad encontró una vez establecida en la región, como son: su accidentada orografía y sus peculiares condiciones climáticas entre otras, que resultaron determinantes en lo que se refiere a su adaptación biológica, organización social y estrategia de subsistencia. Estas estrategias de subsistencia, en tanto implican actividad física, la cual puede en muchos casos dejar marcas en la estructura ósea de los individuos, quedando como  testigo de las posturas adoptadas y que hoy nos permites interpretarlas dentro de contextos de modos de vida.


PROBLEMA DE ESTUDIO

En el siguiente artículo el objetivo central consiste en analizar lo marcadores óseos que se han descrito en las colecciones bioantropologicas procedentes del arcaico costero  del Norte Grande, a fin de determinar en que medida la presión medioambiental a la que se enfrentó dicha población se tradujo en una respuesta adaptativa, al medio ecológico que la acogió, por medio de la inferencia de patrones de vida  a través de las actividades ocupacionales y  hábitos socioculturales que determinaron sus estrategias de subsistencia.

Frecuentemente en bioarqueología las inferencias de las condiciones de vida de una población se hacen a partir del análisis de la cultura material, el medio ambiente donde se desarrollo dicha cultura,, las formas de asentamiento, movilidad, y recursos explotados, o por medio de   la contrastación con otros  antecedentes bioarqueológicos  encontrados en otras poblaciones arcaicas similares, sin embargo existen una serie de indicadores antropológico físicos denominados marcadores de estrés óseo los cuales pueden brindarnos una información  tal, que en algunos casos, permite interpretar inferir patrones posturales y hábitos,  y con ello inferir  modos de vida, que considero importante al momento de interpretar  los factores adaptativos que tuvieron una importancia radical en la explotación del medio durante el periodo arcaico, para su subsistencia, en uno de los lugares más inhóspito de la tierra como es el Norte Grande de Chile.


SÍNTESIS CRONOLÓGICA Y DE LA CULTURA MATERIAL EN EL ARCAICO COSTERO DEL NORTE GRANDE

Para el arcaico de la costa norte de Chile, se han propuesto varias secuencias cronológicas. En 1940, excavaciones que efectuara J.Bird en conchales de Arica lo llevó a identificar dos periodos bien marcados dentro de este periodo Arcaico, los cuales estaban en relación a la cultura material que se había exhumado. Así encontró que en los niveles inferiores predominaban los anzuelos elaborados a partir de  valvas de Choromytilus, los que eran remplazados posteriormente por anzuelos elaborados en espina de cactus, proponiendo por ello dos secuencias culturales: Cultura del Anzuelo de Concha y Cultura del Anzuelo de Espina de Cactus.
Por su parte, Agustín Llagostera en 1989, parte mostrando como se ha estructurado el desarrollo cultural costero sobre la base de “complejos culturales”, que corresponderían a un conjunto de “tradiciones” que presentan cierta unidad en  tiempo y  espacio bien definido. A su vez define como “tradición” a determinados fenómenos culturales que se manifiestan recurrentemente como un patrón, estableciendo una continuidad de ellos a través del tiempo, y finalmente en “fases” para expresar los medianos cambios en las tradiciones básicas. También establece una división de la costa árida del norte de Chile, la cual queda dividida en: a) Litoral Árido de Valles y Quebradas (Arica- piragua) y b) Litoral de Arreismo Absoluto (Piragua-Chañaral), estableciendo para la primera la presencia de los siguientes complejos: Complejo Tiliviche, Complejo Camarones, Complejo Quiani, y Complejo La Capilla, mientras que en la segunda unidad estarían presente los siguientes Complejos: Complejo Camarones, Complejo Quiani y Complejo Abato ( Llagostera 1989).
Para Llagostera (1989), el Complejo Camarones es el primer complejo de pescadores, y que Bird (1943) denominó “Cultura del anzuelo de concha”, cuyo material ergológico lo formaría el anzuelo simple de contorno circular elaborado en concha de choro zapato (Choromytilus chorus), anzuelos compuestos, arpones de cabezal desprendible, puntas de proyectil de doble aguzado, cuencos de lava, punzones óseos, raspadores líticos unilaterales y bilaterales, raederas, cuchillos e instrumentos en guijarros con percusión burda; cordelería vegetal y animal y tejidos de red y esteras (Llagostera 1989). Representativos de la primera fase del Complejo Camarones serían los sitios Camarones 14 y Tiliviche 1b (en estratos medios), así como los estratos profundos de dos sitios excavados por Bird (1943): Quiani y Punta Pichalo. Para Llagostera (1989) la segunda fase de este complejo se representa solo por el cambio en la confección del anzuelo, ahora de vástago recto y ejemplificado en los sitios de Caramucho 3 y Camarones Sur.
Finalmente en el año 2004, Standen, Santoro y Arriaza, (Standen et al, 2004) establecen una definición del periodo Arcaico en:
Paleoindio Costero (11.500-10.500 a.p.): Representado por los sitios de las quebradas de Jaguay y Tacaguay (11.500-10.500 a.p.), y caracterizado por comunidades de economía marítima con tecnologías muy simples.
Arcaico Temprano ( 10.500-7.000 a.p.) (Complejo Camarones – Llagostera): Se caracteriza por comunidades que desarrollan una estrategia adaptativa marítima, de valle y de oasis interiores, con una tecnología especializada en la pesca, donde el anzuelo elaborado en concha como es lo mas conspicuo, como también una preocupación por los muertos los que son envueltos en esteras y algunos con momificación natural, artificial incipiente o bien  cuerpos modelados en arcilla y pintados de negro. Los sitios representativos son: Acha ( 9000 a.p.), Tiliviche ( 9.500 a.p.) y Aragón ( 8.500 a.p.), y  Camarones 14. (7.000 a.p.)
Arcaico Medio ( 7.000-5.000 a.p.)(Complejo Quiani – Llagostera): En este periodo se produce un  poblamiento intensivo de la costa, las comunidades  muestran una continuidad en los patrones de vivienda, industrias líticas y economía marítima. En relación al milenio anterior aparece el uso del anzuelo de cactus en reemplazo del de concha. Estos cazadores pescadores y recolectores costeros continuaron articulando los ambientes de oasis interiores, y los patrones mortuorios  se muestran un poco más complejos y sofisticados que en periodo precedente, continuando algunos con momificación natural, artificial incipiente (solo mascarillas faciales) o bien  cuerpos modelados en arcilla y pintados de negro. Los sitios que caracterizan este periodo son: Quiani (6.000 a.p.),  Maestranza 1 (5438 a.p..), Chinchorro 1 (6070-5560 a.p.) y Morro 1
Arcaico tardío (5000-3700 a.p.) (Complejo La Capilla. y Complejo Abato – Llagostera):  En este último periodo se produce un aumento demográfico importante en la población,  se observan innovaciones funerarias que les permitió a estas comunidades desarrollar con extraordinaria destreza nuevos procesos de momificación, donde el “estilo negro” pasa a ser reemplazado por el llamado “estilo rojo”, aunque se continua con la momificación natural, también aparecen “cuerpos recubiertos con capa de arena”,  y por primera vez se ven  figuras de arcilla cruda como también la metalurgia, la experimentación de la cerámica y productos agrarios. Es de destacar nuevos indicadores culturales, como es el telar de cintura, algodón, tubos, espátulas entre otros. Los sitios que caracterizan dicho periodo son: La Capilla  (3670 – 2790 a.p.), Quiani 7 (3590 a.p.) Tiliviche 2a: Morro 1(4200 - 3670 a.p.), Morro 1/5, Playa Miller 8, Camarones 15 y 8,  Pisagua Viejo 4 y Cáñamo 1 (3969 – 2810 a.p.)

MARCADORES OSEOS DE ACTIVIDAD FÍSICA

Arqueológicamente los restos óseos representan una invaluable fuente de información que permite ampliar el conocimiento de las poblaciones antiguas, corroborando datos producidos por materiales líticos y cerámicos.
Un individuo, a lo largo de la vida, está expuesto a diversos entornos ambientales y culturales que afectan la vida diaria.  En el  proceso de adaptación, el hueso, como tejido vivo, responde a los diversos estímulos externos como son enfermedades, traumas y fuerzas relacionadas con la actividad física, modificando su morfología a partir de la creación y destrucción de hueso. Estas modificaciones óseas, frecuentemente están asociadas a condiciones patológicas, pero también pueden estar relacionadas con el estilo de vida de los individuos. Entre estas modificaciones figuran aquellos que se han definido como Marcadores Óseos de Estrés (MOE).
Los MOE son marcadores de actividad, que se definen como cambios de la arquitectura interna y/o externa del hueso, que se desarrollan bajo condiciones de estrés continuado y prolongado derivado de la realización de actividades habituales u ocupacionales. En el presente trabajo, se entiende como estrés toda aquella situación orgánica provocada en “respuesta” a cualquier perturbación ambiental y se centra en el “estrés físico”, que se define como “toda alteración metabólica de un sistema en un organismo vivo ante una actuación exterior sobre ese sistema”. Esta respuesta, por tanto, viene causada por cualquier condición ambiental que suponga una alteración metabólica para el organismo, de modo que la gama de factores que pueden ser la causa de estrés para el hombre es tan amplia como el concepto de “ambiente” para nuestra especie. Además, como la adaptación cultural puede suponer un factor de estrés adicional sobre un individuo o población, a los agentes de presión físico-químicos y biológicos, hay que unir todos los factores y las relaciones derivados de su realidad psíquica, cultural, tecnológica y social (Casas,1997).
El síndrome de estrés se piensa que es un mecanismo adaptativo (Goodman et al. 1980), lo que en sí mismo no es ni bueno ni malo, sino que depende de la capacidad de respuesta del individuo frente a esa nueva situación, puesto que orienta y activa a los organismos hacia el establecimiento de una nueva situación de equilibrio, diferente a la original, que los proteja ante similares episodios de estrés; así por ejemplo, existen autores que muestran cómo, frente a una sobrecarga mecánica, se desencadena el proceso de remodelación del hueso cortical hacia la llamada hipertrofia de adaptación (Tschantz y  Rutishauser, 1967). Sin embargo, si el factor de estrés o perturbación ambiental es de larga duración, intenso e incontrolado, puede tener un efecto devastador sobre los individuos o grupos de población (Goodman et al., 1980). Por último diremos que un episodio de estrés es una fuerza potencial significativa de cambio en la salud de los grupos humanos, puesto que las alteraciones fisiológicas resultantes del mismo pueden influir aumentando la morbilidad y mortalidad, o bien pueden disminuir la capacidad productiva y reproductiva, un asunto de preocupación central para los antropólogos (Goodman et al., 1980).
Kelley y Ángel, agregan dentro de lo que ellos llaman estrés de vida, a todas aquellas fuerzas internas, como determinantes biológicos o causas genéticas; como también a todas aquellas fuerzas externas que afectan a cualquier individuo como, por ejemplo, una dieta inadecuada, una enfermedad, la realización de una actividad física, el proceso del parto, un accidente, la violencia o condiciones ambientales severas (Kelley y Angel, 1987).
Por su parte Merbs, incluye los  traumas tales como fracturas, heridas agudas, secuelas de golpe y objetos impactados en los huesos, ya que ellos constituyen excelentes marcadores óseos debido a que con una alta frecuencia quedan registrados en los huesos y pueden reflejar aspectos relevantes de la cultura (Merbs, 1989).
Podemos agrupar los MOE según su etiología, en tres grandes grupos: de actividades físicas, de condiciones ambientales y aquellos relacionados con la dieta.
A nivel óseo dependiendo de la naturaleza del agente perturbador, de su intensidad y de su duración, la respuesta ósea adaptativa llega al nivel celular e histológico, y en este caso, sólo hay dos posibilidades, esto es, o “formación” o “destrucción” de osteonas (o bien  ambos procesos simultáneamente). Dichos procesos se activan cuando el hueso se ve afectado en alguno de sus dos cometidos: función mecánica (soporte de músculos y protección de vísceras) o producción de eritrocitos y mantenimiento del equilibrio químico del hueso; esta activación, a su vez, es localizada, dependiendo de las propiedades del hueso (grosor y porosidad cortical, densidad de osteonas, etc.), en este caso la respuesta aparecerá en una zona concreta del hueso; y por último, puede afectar solamente a un individuo, o a un grupo concreto, o a toda la comunidad, puesto que va a depender de la susceptibilidad genética o ambiental y de la resistencia individual o poblacional, de modo que la respuesta puede manifestarse en determinados individuos, dependiendo de la edad, el sexo, la actividad desarrollada, etc. (Kennedy, 1989; Casas, 1997).  Uno de los índices  que reflejan el mayor fortalecimiento antero posterior en las diáfisis de los huesos largos, producto de una actividad es el “pilastrico” y el “anémico”, el primero desarrollado en individuos que ejercen caminatas extensas, mientras que el segundo en aquellos individuos con mayor uso de extremidades superiores.
Algunos autores han clasificado los marcadores de actividad en siete categorías principales, que agruparían los hallazgos tanto a nivel del tejido óseo como dental:

1. Desgaste dental.
2. Cambios articulares degenerativos.
3. Cambios morfológicos de carácter funcional.
4. Fracturas.
5. Cambios en la arquitectura del hueso.
6. Osificaciones y calcificaciones.
7. Cambios a nivel de las entesis.

Este ultimo marcador “entesis”, que se refiere al desarrollo óseo a nivel de la inserciones musculares  y  ligamentosas,  permite además  determinar  grados  robustez o de sobrecarga de una actividad, como son los microtraumatismos repetitivos, de tal forma que se han caracterizados y estandarizados los diversos grados de su desarrollo (Mariotti et al, 2004). 
Para el desarrollo del presente estudio  he definido una serie de MOE o variaciones discontinuas a partir de las definiciones elaboradas por  Finnegan (1978), Casas (1997), Capasso (1998), Niño, (2005), Galtes et al, (2007), Luna (2006), Kennedy (1989 - 1998)  y complementadas por Estévez (2000), a fin de pesquisarlas en la literatura publicada, y a partir de ellas inferir modos de vida.


RESULTADOS


En 1984, Vivien Standen describe unos restos óseos provenientes de Tiliviche, un sitio datado entre los 7810 a 4110 a. C, encontrando algunas patologías óseas de carácter degenerativo a nivel de columna vertebral (espondiloartrosis cervical) y artrosis femoro-patelar, sugiriendo que dichas patologías guardan estrecha relación con exceso de trabajo mecánico e intensos desplazamientos, debido quizá a un desplazamiento permanente entre la costa y quebradas interiores (Standen et al. 1984 a).
Ese mismo año se publicaba el trabajo de Camarones 14, donde se daba a conocer una serie de datos con respecto a los restos óseos exhumados de dicho lugar, como son espondilosis dorsal,  espondiloartrosis cervical, artrosis en rodillas, espolón calcáneo, cicatrices de parto y artrosis deformante en cadera, sin embargo la autora no se aventura a señalar una relación etiológica frente a dichas patologías (Quevedo, 1984), en la misma colección Urquieta describe la abrasión dentaria, sugiriendo una probable relación entre esta y la utilización de piezas dentarias como herramientas (Urquieta, 1984).
Ese mismo año Standen y col., analizan la población Morro 1  que cubre una cronología que va del 7810 – 5860 a.C. y 3670 – 1720 a. C., encontrando los siguientes marcadores óseos: Osteoma auditivo externo en 10 casos lo que representan un 20% de la población, y principalmente en individuos masculinos, que los autores relacionan con actividades de buceo, como factor adaptativo (Standen et al. 1984 b)., situación similar se presenta en la población temprana de Camarones 14, asociada a grupos Chinchorro, a donde  a dicho marcador se le asigna un valor genético. (Quevedo, 1984). También la población de Morro 1, presenta fracturas y traumas, tanto a nivel de cara-cráneo como en  extremidades superiores como en inferiores,  esta últimas se presentan principalmente en mujeres, específicamente en el hueso ulnar, por lo que los autores asocian con situaciones de violencia entre dos personas, los otros casos de fracturas son vinculados a accidentes tal ves asociado a actividades del mar. Se describen también en esta población de Morro 1,  signos de artrosis en articulaciones periféricas, principalmente en rodillas, codos y clavículas. A nivel de rodillas, en la cara posterior  de los cóndilos femorales los autores la asocian a la postura constante de flexión de rodillas. También describen seis casos en mujeres adultas de  “squattimg facets”, asociada a una hiperflexion dorsal de la articulación de tobillo, que la asocian a un tipo de trabajo, de igual forma  vinculan el trabajo del mar a los signos de artrosis a nivel de codo y clavículas (Standen, et al. 1984).
En cuanto a la población de Morro de Arica, el único marcador óseo analizado corresponde a osteoartritis a nivel de los cóndilos occipitales, en los cuales se presentan leves grados de degeneración en dichos cóndilos, que los autores atribuyen a algún esfuerzo que era ejercido en el ámbito de cuello. Por otra parte los autores sostienen por las patologías, traumas y uso del cuerpo,  que habría una especialización, en relación con las actividades de extracción de alimentos del mar, donde los hombres eran los principales encargados del buceo en búsqueda de marisco y que ambos sexos se veían enfrentados a situaciones de violencia interpersonal, desde edades tempranas. (Costa Junqueira, et al. 2000).
El sitio Caleta Huelén 42, ubicado en la margen norte de la desembocadura del río Loa en el norte de Chile, relacionado culturalmente con la segunda fase del Complejo Camarones y con el Complejo Quiani, se describe la presencia de dos casos de traumas en individuos masculinos, de tipo fractura, mostrando uno de ellos, una cicatriz de golpe en el frontal y otro una fractura en el omóplato. En relación a las enfermedades degenerativas descritas en las articulaciones de los miembros inferiores, se adviertes tres casos con degeneración articular, que los autores interpretan como un impacto ambiental de bajo nivel en vida de los individuos debido a la escasa ocurrencia de patologías y de traumas, acotando además la escasez de la muestra analizada y la mala conservación de los huesos (Cocilovo et al. 2005).
Marvin Allison con respecto a la población Morro 1/6, señala la presencia de un alto número de fracturas vertebrales principalmente en individuos más tardíos, y que lo aduce a una osteopenia  generalizada (osteoporosis), además de 5 fracturas consolidadas en la población temprana. Junto a ello señala en una tabla la presencia de 10 individuos de la población tardía con “squatting” y “osteoartritis” presente en 15 individuos tempranos y 20 en los tardíos, de los cuales no da más datos. (Allison, 1989).
Sonia Guillén y Gerardo Carpio reportan un individuo portador de una serie de traumas provocados por actos de violencia (seis puntas de proyectil impactadas), en un individuo asociado a la cultura Chinchorro proveniente de Villa del Mar, en Ilo, Perú (Guillen y Carpio, 1999), el cual se corresponde con los hallazgos de Standen y Arriaza en una muestra proveniente de cinco cementerios de Arica asociados a la cultura Chinchorro, donde se presenta también un individuo con una punta lítica impactada y varios cráneos con signos de trauma, que los autores asocian a actos de violencia (Standen y Arriaza, 1997).
Arriaza en su libro “Cultura Chinchorro, las momias más antiguas del mundo”, señala una serie de marcadores óseos que el autor los incluye en patologías inducidas por la subsistencia, entre las que figuran son: exostosis auditiva, espondilolisis, osteoartrosis, DISH (diffuse idiopathic skeletal hyperostosis) y Trauma, en cuanto a la Exostosis auditiva el autor la relaciona como producto de labores marítimas específicamente de buceo, encontrando una diferenciación sexual en la distribución de ella. En cuanto a la espondilolisis, el autor ve que su etiología se debería a microtraumas producidos por el levantamiento de objetos, señalando además que los hombres Chinchorros realizaban un gran esfuerzo físico “El trepar rocas y sufrir caídas eventuales en las áreas costeras, unido al esfuerzo de la hiperextensión de la espalda al lanzar  arpones y lanzadardos mientras cazaban, podría haber creado la tensión necesaria para producir una fractura vertebral como la espondilosis” (Arriaza, 2003: 132),  De igual forma sugiere una misma etiopatología para el desarrollo de la osteoartritis argumentando que puede deberse producto de tareas arduas, principalmente labores físicas pesadas. En cuanto a las atropatias documentadas por el autor solo se remite a señalar su presencia, no así las fracturas par lo cual define que la recolección costera en un terreno muy accidentado sería la variable que predispuso a dichos traumas, finalmente alude a la patología dental destacando que una dieta rica en sustancias abrasivas y dura, sería la responsable de la marcada abrasión dentaria  (Arriaza, 2003).
En resumen se observa en la literatura consultada, una pobreza en relación a estudios específicos en MOE.  Entre los principales marcadores descritos destacan: Artrosis, osteoartritis, squatting ,traumas, fracturas, exostosis auditiva, y abrasión dentaria. Estos marcadores en su mayoría se describen en relación a estudios paleopatologicos a fin de definir estados de morbilidad, siendo muy escasos aquellos enfocados a establecer modos de vida, a excepción del squatting y la exostosis auditiva. Además hay que tener en cuenta la ambigüedad de algunos de estos marcadores respecto a su etiología, y asociado a una notable ausencia de marcadores óseos de origen biomecánico, como son: faceta de Allen, de Poirier,  Plaque, Apertura septal, faceta de Charles, entre otros, se hace bastante difícil establecer hábitos posturales que definan un modo de vida en particular, aún así con dicha información y teniendo en cuenta el medio ambiente y la cultura material podemos hacer algunas inferencias al respecto.

DISCUSIÓN

De los resultados se obtenidos se infiere que los hombres del Arcaico costero  del  Norte Grande (Valles Occidentales), debieron tener una alta movilidad, esto significa que efectuaban grandes caminatas trasladándose de un lugar a otro en busca de recursos, así lo deja entrever el hallazgo de osteoartritis y artrosis en extremidades inferiores (rodilla),  si bien los autores consultados señalan que dicho respuesta ósea estaría relacionada con posturas mantenidas  “squatting facest”, o bien con labores físicas pesadas,  no hay un mayor estudio para comprender la etiología del marcador,  como tampoco a inferir un hábito postural o trastorno biomecánico.  Al respecto algunos estudios han relacionado  a la osteoartritis de rodilla problemas inmunológicos mesenquemáticos (Hawkey, 1998), otros con squatting (Zhang , et al. 2004), hay quienes sugieren  que se deba  a una alta movilidad (Santoro, 1985), en conjunto con otros dos marcadores biomecánicos  como lo son Fosa de Allen, y  Fosa de Poiriere, ambos presente en el cuello anatómico del fémur, sin embargo, estos MOE no aparecen descritos en las colecciones estudiadas, por  tanto sería importante estudiarlos a futuro a fin de confirmar estas apreciaciones. Otro marcador que se ha descrito asociado a una alta movilidad son las, fracturas de tibia, peroné, rótula y calcáneo, y que han sido asociados especialmente  a corredores de largas distancias y saltadores (Estévez, 2000, Bridges, 1991 1992). En los textos se aluden a ciertas fracturas en extremidades inferiores, pero lamentablemente no hay un mayor análisis de ellas, de igual forma no se observa un análisis de robustez en los restos esqueletales como sería la descripción  del  índice pilástrico, el cual representa un mayor desarrollo de la musculatura anteroposterior del muslo, y que también  permite hacer inferencia biomecánicas y de robusticidad  (Pearson, 2000), en individuos de alta movilidad. Así también cambios morfológicos que se expresan por la aparición de cambios arquitectónicos en la superficie del hueso, definidos como éntesis, se han descrito en poblaciones cazadoras-recolectoras como signos de robustez y de microtraumatismos repetitivos (Feemont, 2002).  Aún así  con los escasos datos, podemos inferir que estos individuos del Arcaico, recorrían grandes distancias a fin de obtener sus recursos tanto a nivel de costa como hacia el interior, estructurado en un patrón de movilidad de amplio alcance, mediante movimientos estaciónales entre nichos  complementarios de la costa y el interior. 
También han sido descritas fracturas en extremidades superiores, principalmente a nivel ulnar, y en mujeres mayoritariamente. Esta fractura ha sido asociada con actos de violencia, producto de una protección contra golpes hacia la cabeza, esto nos estaría mostrando un medió hostil en el arcaico, más si sumamos los traumas de violencia que han sido descritos en ellos (Guillen y Carpio 1999; Standen 1999)
Con respecto a la espondilosis,  se sugiere como factor gatillador el levantamiento de cargas pesadas, sin embargo no podemos olvidar lo accidentado e irregular que es el litoral, ya que este tipo de fracturas también se puede desarrollar por caídas, producto de actividades en terrenos accidentados,  que además predispone a las personas a traumatismos permanente, por lo que también es de esperar encontrar un alto índice de fracturas principalmente en extremidades inferiores y superiores. Destacando dentro de estas últimas la fractura de la epífisis distal del radio “Colles” y de escafoides, ambas producto del apoyo en caídas, sin embargo este tipo de fracturas no aparecen descritas por los autores consultados, por lo que no sabemos si están ausentes en la muestra esqueletal o bien, no se registraron. En caso de estar ausentes podemos inferir una adaptación al medio geográfico que se traduciría en un mayor desarrollo motriz.  Volviendo a la  espondilosis se ha descrito en poblaciones de U.S.A, que esta alteración ósea también estaría relacionada con osteofitosis, espondilosis y espondilortrosis a nivel lumbar (Bridget, 1991  1992).
La espondiloartrosis cervical, una enfermedad degenerativa, se ha visto asociada principalmente a trastornos con microtraumatismos repetitivos en especial al sobre uso del cuello, ya sea transportando objetos sobre o con ayuda de la cabeza como  producto del uso de capachos que cargaban a la espalda, suspendidos por fajas desde la frente (Allison, 1982; Standen et al. 1984), sin embargo el desarrollo de dicha patología degenerativa puede guardar relación con otro origen ya sea una enfermedad mesenquimatosa o autoinmune.
El squatting facets, que corresponde al desarrollo de facetas articulares accesorias a nivel de la articulación tibio astragalina (Galtes et al, 2007), es otro marcador óseo que aparece reiteradamente descrito. Y se ha visto relacionado con poblaciones que permanecen muchas horas en posición “cuclillas” (como mariscadores), en conjunto con el desarrollo de pseudos-facetas articulares, como es la faceta de Charles a nivel de la epífisis proximal de la tibia (Estévez, 2000).
Así también se describe el Espolón calcáneo, sin establecer una relación etiológica de este marcador, como para poder inferir modos de vida, al respecto se ha observado que al ejercitar la musculatura de la planta del pie (flexores  plantares), asociado a subir y bajar laderas abruptas, produce éntesopatias, que se visualizan por un gran desarrollo del espolón calcáneo. (Coros, 1989,  Freemont 2002).
La exostosis auditiva, ha sido quizá el marcador por excelencia descrito para estas comunidades arcaicas, sugiriendo que, existe una estrecha relación entre el grado de desarrollo de estas exostosis y la frecuencia de la exposición del canal auditivo al agua fría (Kennedy 1986; Standen, 1995; Standen et al. 1997; Velasco, et al. 1998, Arriaza, et al., 1993), lo que implica que dicho marcador guarda una estrecha relación con actividades de explotación de recursos marinos, sin embargo dicho marcador no se encuentra en poblaciones marítimas de la región del archipiélago de los Chonos, del extremo sur de Chile, donde las aguas se caracterizan por ser en extremo frías (Aspillaga, 2006), como también no se debe descartar la relaciones que tiene dicho marcador con ciertas enfermedades crónicas como diabetes, por lo que  dicho marcador, sin embargo que nos permite relacionarlo con actividades de recolección marina, debe ser evaluado con prudencia.
Otro marcador  lo es la abrasión dentaria, la cual ha sido descrita en estas  poblaciones arcaicas marítimas como producto de una dieta rica en abrasivos como también a la utilización  de la dentadura como herramienta multiuso (Urquieta, 1984). En este último caso se asociaría también un mayor desarrollo de las inserciones de la musculatura masticatoria, sin embargo dicho desgaste dental puede deberse al consumo de alimentos, ricos en sustancias abrasivas.

CONCLUSIÓN  Y COMENTARIO FINAL

El arcaico costero en la zona norte presenta una  tradición fuertemente asociada a una economía basada principalmente en la explotación de los recursos marinos, con amplio manejo de técnicas asociadas a la pesca, por lo que es de suponer que el material bioantropológico asociado a dichas poblaciones presentan marcadores asociados a una intensa actividad costera, sin embargo los estudios nos muestran un poco preocupación  por el estudio de estos, quizá, se deba a que las momias Chinchorro, sean más atractivas y acaparen la atención del mundo científico.
En síntesis  concluimos que la población del Arcaico costero del Norte Grande de Chile, tuvo una alta movilidad quizá en la explotación de los recursos costeros, así lo sugiere la osteoartritis presente en extremidades inferiores (cadera y rodilla). Así también la presencia de exostosis auditiva, nos hace pensar que estas poblaciones aprendieron a explotar algunos productos bajo las aguas obligándolos a sumergirse casi en forma permanentemente. Quizás debido a sus sistema de asentamiento, es que  los obligó a tener desplazamientos mayores y con cargas pesadas, desarrollando espondilosos y espondiloartrosis en columna. Es muy probable que las incursiones hacia el interior, como también a lo largo de la franja costera, los predispusiera al desarrollo de patología traumática (fracturas y traumas), más aún si consideramos lo abrupto que son los acantilados del litoral, como también la presencia de espolón calcáneo nos sugiere que debieron desplazarse por terrenos blandos (arenosos) y abruptos. Por otra parte suponemos que permanecían largas horas en cuclillas quizá mariscando o elaborando sus utensilios que a la postre los llevo a desarrollar un faceta articular accesoria a nivel de la articulación tibio astragalina, también es de  esperar un mayor desarrollo de las inserciones musculares de la extremidad superior derecha, por uso de armas arrojadizas (arpón), como se ha descrito en otras poblaciones (Galtes et al. 2007; Aspillaga, 2006; Hawkey y Merbs 1995). Por las  piezas dentales, vemos que estas eran utilizadas como herramientas y que además tenían una dieta rica en elementos abrasivos. Sus relaciones sociales no debieron ser en paz y armonía como mucha gente se imagina a este periodo, sino que debieron tener episodios de hostilidad según  dejan entrever los signos de traumas por violencia.
 Es muy probable que estudios más específicos destinados a pesquisar MOE en estas comunidades arrojen nuevas evidencias con respecto a su modo de vida, al respecto existe un proyecto Fondecit,  de Standen, enfocado a los MOE, pero lamentablemente este no ha sido publicado y desconozco sus conclusiones. Quiero señalar además que durante los últimos años las publicaciones sobre MOE han proliferado de forma significativa, acompañadas, además, de un amplio debate en torno a la potencialidad y limitaciones que presenta esta línea de estudio. Parece existir un cierto asenso entre los investigadores a la hora de señalar las dificultades que supone la correlación directa de una alteración ósea con una actividad física u ocupacional particular, si bien, es igualmente cierto que permite vincular unos caracteres observables en el esqueleto con la reacción del organismo ante determinados estímulos ambientales
Estamos conciente de  todos los alcances y limitaciones que significa establecer con precisión la naturaleza de las relaciones existentes entre las propiedades del registro osteológico y las dinámicas de las poblaciones de las cuales deriva, ya que son muchas las variables que entran en juego, entre ellas las características de movilidad e interacción social, las opciones del comportamiento mortuorio, los procesos tafonómicos, características intrínsecas del esqueleto, técnicas de recuperación de muestras y aquellas concomitantes que son muy difíciles de evaluar. Por otra parte están las limitaciones del concepto de estrés, en la realización de inferencias bioarqueológicas tanto en el enfoque biocultural  como en la paradoja del hueso tal como Luna señala, donde “un esqueleto sin lesiones manifiestas puede no representar a un individuo saludable, sino a uno que estaba lo suficientemente débil como para morir a la primera exposición a un patógeno” (Luna, 2006), como también un grado alto de robusticidad puede estar relacionado con la longevidad y no directamente con una mayor exigencia del uso del cuerpo, o bien con cierto estatus social, cual también dentro del grupo puede condicionar a un individuo a una menor resistencia biológica y una mayor exposición al esfuerzo, todo lo anterior hace muy difícil la interpretación ósea y su posible correlación con los hallazgos que hemos enunciado a partir de la cultura material y medio ambiente, sin embargo pueden resultar muy provechosos para orientar el análisis de los restos óseo en bioarqueologia.     
A modo de conclusión, cabe mencionar que no es tarea fácil llegar a inferir los marcadores de estrés de una población prehistórica debido al gran número de variables que interfieren y a los problemas de evaluación existentes (Stirland, 1998), aún así partiendo de las inferencias arqueológicas y medio ambientales pensamos que si es posible producir un acercamiento a los patrones de vida y marcadores óseos desarrollados por medio de este tipo de análisis deductivo. A pesar de las dificultades, consideramos  que es una tarea que vale la pena realizar ya que permite abordar de mejor forma el análisis de los restos óseos, de tal forma que las inferencias respecto de los modos de vida sean más precisas y gocen de mayor sustento. Pero sin duda, no debemos olvidar que  la valoración del contexto arqueológico-cultural del que proceden los materiales sujetos a observación aportará los criterios más idóneos para el establecimiento de las distintas hipótesis interpretativas.


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Tabla Nº 1

MARCADORES OSEOS DESCRITOS EN SITIOS DEL ARCAICO COSTERO DEL

NORTE GRANDE – VALLES OCCIDENTALES

 

Sitio Arqueológico

Año

Autor/es

Marcador

Asociación

Tiliviche

1984

Standen, Vivien

Espondiloartrosis cervical

exceso trabajo mecánico

(7810 a 4110 a. C)

 

 

Artrosis femoro-patelar

e intensos desplazamientos

Camarones 14

1984

Quevedo, Silvia

Espondiloartrosis cervical

 

7000 a.p.

 

 

Artrosis en rodillas

 

 

 

 

Artrosis en caderas

 

 

 

 

Espolón calcáneo

 

 

 

 

Cicatrices de parto

 

 

 

 

Osteoma auditivo

Genético

Camarones 14

1984

Urquieta, Patricio

Abrasión dentaria

Piezas dentarias como

7000 a.p.

 

 

 

herramientas

Morro 1

1984

Standen y col.

Osteoma auditivo

Buceo

7810 – 5860 a.C.

 

 

Fracturas extremidades

Violencia, ergonómico

3670 – 1720 a. C

 

 

Traumas

 

 

 

 

Artrosis articulaciones

Postural (squatting)

 

 

 

periféricas

 

 

 

 

Squatting Facest

Hiperfleccion dorsal de tobillo

Morro  1/6

1989

Allison, Marvin

Fracturas vertebrales

Osteopenia generalizada

4310 - 3895 a.p.

 

 

Fracturas extremidades

 

 

 

 

Osteoartritis

 

 

 

 

Squatting Facest

 

Acha - 2

1993

Arriaza, B. y col.

Exostosis auditiva

Prácticas de buceo

8960 a 10536 a.p.

 

 

 

 

Poblaciones Costeras

1995

Standen y col.

Exostosis auditiva

Labores marítimas/dif. Sexual

(43 sitios arqueológicos)

 

 

 

 

7000 a.C. - 1450 d.C.

 

 

 

 

Cultura Chinchorro

1997

Standen, V. - Arriaza, B.

Traumas

Violencia

(Acha 2-3, Morro 1, Morro 1/6,

 

 

 

 

Maderas Enco, Playa Miller 8)

 

 

 

 

Villa del Mar

1999

Guillen, S. - Carpio, G.

Traumas

Violencia

8000 - 6000 a.p.

 

 

 

 

Morro de Arica

2000

Costa-Junqueira, M. A. y

Osteoartritis cóndilos

Esfuerzo a nivel de cuello

3550 - 3200 a.p.

 

col.

cervicales

 

Cultura Chinchorro

2003

Arriza, Bernardo

Exostosis auditiva

Labores marítimas/dif. Sexual

 

 

 

Espondilosis

Levantamiento de cargas

 

 

 

Osteartritis

Labores físicas pesadas

 

 

 

Traumas

Inducidas por la subsistencia

Caleta Huelen 42

2005

Cocilovo y col.

Fracturas

 

4780 - 3780 a.p.

 

 

Enf. Degenerativas en

Impacto ambiental

 

 

 

miembros inferiores

ergonómica